lunes, marzo 16, 2009

La pelota


Mateo era el único niño del barrio que aún conservaba el balón de fútbol que le habían regalado para navidad. Los otros, es decir, los balones de Benjamín, Tomás, Vicente y Esteban ya no existían, habían sido devorados por los perros de los vecinos, otros se fueron en la parte trasera de un camión, y algunos estaban en poder de la vecina mas vieja del barrio. Sobre sus hombros entonces, Mateo tenía una gran responsabilidad: cuidar como un tesoro el único balón de fútbol que les quedaba para jugar al fútbol los fines de semana o cuando las tareas ya habían culminado.
Todos los domingos, Mateo y sus amigos se juntaban en la cancha de tierra a patear de pura diversión, fútbol por doquier, dos piedras como arco, los goles valían de cualquier lado y la llave de la plaza servía como refresco cuando el cansancio se apoderaba de los cuerpos.
La pelota de Mateo había sobrevivido a lo que las otras no habían podido, sin embargo, las reglas del fútbol no son las mismas que la de la casa, al arbitro se le puede alegar e insultar, pero a tu madre no.
Mateo disfrutaba con los enganches y paredes, pero sufría con las multiplicaciones y divisiones, Mateo disfrutaba con los goles y el triunfo, pero sufría con las derrotas y los decimales. Así como el técnico es claro en dar las indicaciones a sus jugadores, la madre de Mateo era clara también en sus decisiones: si sacaba un rojo más en matemáticas, sería castigado y debería olvidarse por un tiempo de jugar al fútbol con sus amigos, es decir, la pelota de fútbol estaría abandonada en una bodega por un buen tiempo hasta que Mateo logrará vencer por goleada a las matemáticas.
El partido mas difícil que tenía que enfrentar había llegado, era el y la prueba de matemáticas, Mateo pensaba que durante la semana se había preparado bien para derrotar por paliza a su duro rival, además sabía que una derrota llevaba a un castigo y que sus amigos quedarían sin pelota de fútbol, no se podía desconcentrar ni menos darse por vencido, partido difícil pero no por eso se debía bajar los brazo, era Mateo y las Matemáticas, partido difícil pero no imposible.
El domingo en la tarde, Benjamín, Tomás, Vicente y Estebán esperando con ansias en la plaza la llegada de Mateo junto al balón de fútbol, sin embargo, si figura no se veía por ningún lado, pasaban y pasaban los minutos y nada, “ yo los voy a buscar” –dijo Tomás- y se fue raudo corriendo hasta la casa de Mateo.

- ¿y Mateo?, pregunaton los niños a Tomas luego que este volviese.
- Esta castigado.

jueves, marzo 12, 2009

El Reserva




Sueña con vestir la casaquilla del club deportivo que fundo su padre, sin embargo, sabe más de estadísticas futboleras que del juego de este, es decir, en la cancha.
Desde la segunda infantil que es no es considerado por el técnico, hoy con 22 años sueña con una camiseta de titular en la serie de honor, nunca ha fallado a un partido, a pesar que muchas veces solo se tuvo que consolar con festejar el triunfo con sus compañeros desde el costado de la cancha, o servir el bidón con agua cuando al goleador del equipo lo golpeaban con fiereza.
No seamos crudos, en ocasiones se vistió de corto y jugo un par de minutos, pero solo de emergencia, cuando algún compañero se lesionaba o había alguna expulsión, muchas veces fue el cambio de última hora sólo para hacer tiempo y dejar en casa los tres puntos, sin siquiera tocar le balón.
Pensó que entrenando duro podía convencer al “profe” de ingresar desde el arranque del partido, de realizar el calentamiento previo entre los 11 titulares , de poder sentir a los viejos del club alentándolo desde el borde de la cancha entre cajas de vino , cervezas y cigarros sueltos, siempre llegó puntual, siempre recordaba los consejos de su abuelo “ si jugar de seis es lo más fácil huevón, quitas la pelota y se las das al que más sabe en el equipo ¿ osea? al diez” . Parecía fácil, pero en rigor no lo era, había elegido ser destructor del equipo porque sabía que talento con el balón en los pies no tenía, si ganas.
Todos los domingos lustraba con extremado cuidado sus zapatos de fútbol, soñaba con poder dejar la pasta de zapato manchada de negro en la blanca pelota de fútbol, nunca encaró a su entrenador ni le pidió explicaciones del porque no lo consideraba como titular, s siempre fue a todos los partidos y nunca le fallo ni al equipo ni al club, secretamente esperaba su turno de ingresar desde el borde la cancha, alentaba a sus compañeros e insultaba al arbitro por cada cobro en contra del equipo , así, se sentía parte del equipo.
En un partido de otoño, parecía que la suerte iba a cambiar, en un partido lleno de anécdotas hubo dos expulsados por equipo, un lesionado, pensó por un in instante que ahora sí el equipo lo necesitaba, que como le decía su abuelo “cuando los buenos del equipo fallan, son los malos los que tienen sacar la cara ¿osea? echarse al equipo al hombro”.

-Profe… ¿entro?
- ¡Pero huevón, si tu eres reserva!